El
efecto cangrejo
A lo largo de estos últimos cuatro meses,
pude escribir reflexionando acerca de experiencias, de viajes, de personas… anécdotas
que marcaron mi vida durante tiempos muy intensos de ministerio. Considero el
haber podido recordarlos un cierto privilegio del que me había privado
anteriormente. Debo reconocer que, aunque quería, mi mente quedaba en blanco
cada vez que intentaba volver atrás.
Cuando comencé con este proyecto,
Caminatas, dejé en claro que lo hacía como un ejercicio de agradecimiento a
Dios por estar en una etapa de transición y para poder llevarla adelante con
gozo. Ahora pienso que fui yo la primera beneficiada, a través de la escritura
y de la reflexión, con cada una de las notas. Me han ayudado a meditar sobre quién
es Dios, quién soy yo y cuál es Su plan para mi vida. Soy muy consciente de que,
al haber hecho público cada artículo, me expuse como un libro abierto, de manera sincera. También quedé descubierta al
juicio y a las críticas de aquellos que quizás me conocen o, mejor dicho, creen
conocerme; en realidad, tienen esa sensación, pero nadie puede saber de mis
intenciones y de mis pensamientos como Dios, mi fiel
compañero desde mi niñez.
Espero que mis escritos hayan sido de
bendición, en algún sentido, o de edificación en la fe. Jesús le dijo a
aquellos que creían en Él que harían cosas aun mayores porque Él iba a reunirse
con Dios. Cuando nos atrevemos a creer en Él, los milagros suceden.
La verdad es que lo que quise comunicar no
fue por orgullo ministerial ni por pretender ser religiosamente correcta (eso
es lo que menos me preocupa). Solo quise compartir lo maravilloso que es conocer
a Dios y sus caminos, que son perfectos para nosotros, aun cuando, en medio de
todo eso, nos equivoquemos. Dios tiene poder para reparar nuestros errores y para
obrar milagros, y puede utilizar una vida en sus manos para realizar lo que Él desee.
No siento realmente que deba dar explicaciones ni defenderme. Mi Dios es quien
algún día me va a juzgar. Y nos juzgará a todos. Tengo la confianza de que,
cuando llegue ese día, le podré decir: “Dios mío, hice lo mejor que pude con lo
que me diste”.
Dios
necesita más hijos valientes y dispuestos a obedecer Su palabra, que no les
importe el “qué dirán”. Su plan no es que nos quedemos cómodos y cobardemente sentados
en nuestras sillas justicieras, atrincherados y criticando a cuanta persona
realiza alguna actividad; sino que, por el contrario, accionemos, activemos
nuestra fe para hacer bien a otros. Que pongamos nuestras energías a voluntad
de Dios. En Marcos 16:15, Jesús dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio
a toda criatura”. Lo que la palabra iglesia
significa en latín es ecclesia, ‘los
llamados hacia afuera’.
Que Dios nos ayude y nos siga mostrando
que Su amor por nosotros es superior a lo que podemos entender o recibir. Él es
ese padre amoroso, que simplemente perdona, nos ama y nos da mil y una nuevas
oportunidades en la vida. Solo cuando hemos recibido este amor, podemos estar
llenos de valor, de aceptación y de afirmación para otras personas, que, como
nosotros, no son perfectas, sino simplemente humanas, pero con un Dios que
posee un amor sobrenatural.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario