India.La bienvenida (Parte 1)
Papá había contratado una combi para que
juntos, familia y amigos, pudiéramos ir al aeropuerto y despedirnos. Era un día
tan especial… Yo estaba entre emocionada y cansada por tanto ajetreo de último
momento. La casa estaba revolucionada; papá, nervioso y enojado al descubrir
que yo no contaba con toda la información que necesitaba para llegar a India y para
manejarme sola si no llegaban las personas que me iban a recibir. Sucedió un 27
de mayo de 1999. Tenía tan solo 23 años.
Por falta de experiencia, había olvidado
tomar nota de datos muy importantes, como por ejemplo, que no era lo ideal
sacarme una muela antes de volar y que debía tener a mano las direcciones y los
teléfonos de mis contactos en Pune, la ciudad donde me iba a radicar.
La despedida en Ezeiza tuvo ese ambiente
enrarecido que se da en las despedidas familiares, muy emocionales y hasta un
tanto incómodas, donde uno quiere llorar y sonreír a la vez como si nada pasara
y con eso lograras aliviar la pena de tener que decir adiós.
Habiendo hecho transbordo en Sudáfrica —lo
único que logro recordar es que estaba medio somnolienta—, un señor africano, que
parecía un jugador de básquet, se sentó al lado mío y me preguntó
de dónde era; a lo que yo respondí, escuetamente: “Argentina”.
En Mumbai llovía torrencialmente. Era
época de lluvias monzónicas. Aterrizamos y descubrí que mi valija se había
quedado en Sudáfrica, así que, tuve que hacer el reclamo y esperar
pacientemente que alguien viniera a buscarme.
Era medianoche y seguía esperando, preocupada,
en el hall del inmenso aeropuerto
Chhatrapati Shivaji. Mucha gente iba y venía, recibiendo a sus amigos y
parientes, mientras yo entraba y salía del baño pidiendo al cielo que mandara a
alguien para llevarme a mi nuevo hogar. El cansancio por el viaje y el calor, sumados
a un intenso dolor de muelas que me
atacaba, me hacían sentir cada vez más confundida. Nadie llegó y yo aguardé
durante horas en el mismo banquito.
Ya por la mañana, percibí que una pareja
me miraba y hablaba de mí. Pasaron un rato así hasta que la mujer se me acercó
y me preguntó qué hacía, de dónde era, a quién esperaba y para qué había ido a
la India. ¡Eran muchísimas preguntas para mi inglés tan básico! Como pude les
respondí, ellos me dejaron su tarjeta, muy amablemente, y me animaron a llamarlos
si precisaba algo. Les dije que no sería necesario y les agradecí; pero a las
horas estaba famélica, cansada y, luego de telefonearlos, me lancé a la
aventura de recorrer la gran ciudad de Mumbai en taxi.
El proximo sabado: India. La bienvenida (parte 2).
Hermosa !!!! Que lindo! Que escritora se esta perdiendo el mundo editorial! pero lo disfrutamos nosotros besos
ResponderBorrarMuchas gracias por tus palabras, corazon! Te amo.
ResponderBorrarwaaaaaaaaaaaaaaah un espectaculo hermanaaaa, que experiencia, cada detalle que me hiso revivir la despedida y las experiencias que nos contaste a travez de cartas ya que no eran posibles lo e mails! ya quiero q sea sabado denuevo para leer la bienvenida, y esto recien comienza, Caminatas se pueden publicar via fb ? algo me inspira a "compartir". Chapeau!
ResponderBorrarGracias hermosa! Siii, recien comienza...Cuando hacen click en el post los deriva directo al blog. (Por si tus contactos quieren leerlo). Te abrazo! Besos...
ResponderBorrarque lindo poder leerte Eri !!!
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